Eros

zonas erógenas piel

¿Qué dice nuestro cerebro sobre las zonas erógenas?

Facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedin

No es necesario que venga yo a deciros que el nivel de excitación al acariciarnos no es el mismo en todas las partes del cuerpo y que si nos dan a elegir entre besarnos el cuello o la rodilla un porcentaje muy alto de nosotros elegiremos lo primero. Las zonas erógenas son partes muy concretas de nuestro cuerpo y, aunque cada uno tengamos nuestras preferencias particulares, son más o menos las mismas para todo el mundo, tanto hombres como mujeres.

Precisamente en esto se basa un estudio publicado por científicos sudafricanos en abril de 2014. En él, elaboraron una lista de las principales zonas erógenas y analizaron las posibles causas neurocientíficas de su situación.

La hipótesis de Ramachandran

Como punto de partida, el estudio trataba de confirmar la hipótesis de Ramachandran, que afirma que el hecho de que una zona sea erógena o no se basa en su situación dentro de la corteza somatosensorial del cerebro.  Si la zona en cuestión se encuentra muy cerca de una asociada a los genitales, el placer al estimularla será mucho mayor.  Un claro ejemplo que confirmaría esta hipótesis es el de los pies, que suelen considerarse una de las zonas erógenas más peculiares, además de resultar muy atractivos para algunas personas. ¡Y si no, que se lo digan a Tarantino!

Resultados del estudio

Según el estudio, las mujeres son más sensibles a las zonas erógenas, aunque sus ubicaciones coinciden en gran medida con las de los hombres.

Por orden de preferencia, las zonas cuyo estímulo resultó causar más placer fueron; en el caso de las mujeres, el clítoris, la vagina, los labios, el cuello, los pezones, la parte interna de los muslos, la nuca, las orejas y el culo.

Para  los hombres, en primer lugar se encontraba el pene, seguido por los labios, los testículos, la parte interna de los muslos, el cuello, los pezones, el perineo, la nuca y las orejas.

Se observa que no sólo las zonas son casi las mismas en ambos sexos; sino que, además, el orden de preferencia también es prácticamente idéntico.  Por otro lado, resulta curioso que en ninguno de los dos sexos se consideraron los pies entre las diez primeras zonas erógenas. Y es que a través de este estudio se ha demostrado que, al contrario de lo que cabía esperar, la hipótesis de Ramachandran parece estar equivocada, aunque no se encuentra lejos de la realidad. De hecho, estos investigadores concluyeron que la corteza somatosensorial no es la responsable de la ubicación de las zonas erógenas, pero sí parece ser que la clave es un mapa cerebral, posiblemente relacionado con la ínsula, el área del cerebro relacionada con la percepción del tacto y las emociones.

De todos modos, no os dejéis intimidar por los estudios científicos y no os sintáis raros si vosotros os ponéis tontorrones cuando os tocan otras partes del cuerpo. Cada persona es un mundo y, al fin y al cabo, sólo hay una zona erógena común a absolutamente todos y cada uno de nosotros: el cerebro.

Fuente del artículo

Azucena Martín es biotecnóloga y redactora científica. Puedes leerla en el blog de Iris People cada martes y habitualmente en Medciencia