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Claves para saber qué es moda sostenible #3

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Después de una pausa entre las claves 1  y 2 , vuelvo a la carga para hablaros de una tercera: la ecología. Éste es posiblemente el concepto del que más oímos hablar, pero también uno de los más confusos, ya que tiende a emplearse según conviene.

Relacionamos la ecología con conductas respetuosas con el medio ambiente, ¡pero hay tanto que se puede hacer a favor o en contra de la naturaleza! Tanto que resulta ridículo decir que una prenda es “eco-friendly” y quedarse tan a gusto. En lo que a moda respecta, podríamos considerar 5 aspectos principales que nos confirman si un artículo es ecológico o no:

 Gasto de agua y energía

¿Sabíais qué para cultivar un kilo de algodón convencional son necesarios entre 3500 y 4000 litros de agua? ¿Imagináis la huella hídrica que genera una cadena de moda rápida? Hay fibras que requieren bastante menos agua y son igual de convencionales que el algodón, como el lino o la lana. Existen otras quizá más desconocidas pero igualmente interesantes como el cáñamo o el lyocell (fibra artificial, creada a partir de celulosa generalmente de eucalipto).

Las fibras sintéticas son más independientes del agua, principalmente porque no se cultivan. En cambio, son las que consumen más energía: para generar un kilo del popularísimo acrílico se emplean unos 150 megajulios, en comparación con los 5 que exige el cáñamo, por ejemplo.

— Una prenda ecológica busca el equilibrio entre su gasto de agua y energía.

Sustancias químicas

Los tejidos pasan por diversos procesos antes de ser ropa, y a lo largo de ellos se les añaden muchas sustancias: desde pesticidas y herbicidas durante su cultivo, hasta tintes y detergentes a lo largo de su procesamiento. Estos componentes tienen el potencial de transformar las fibras naturales en algo bastante nocivo para el medio y para las personas que están en contacto con ellas.

Esta apreciación nos hace comprender que “natural” no implica “ecológico”, así que cuando nos quieran vender un jersey de lana como ecológico por el simple hecho de ser lana… Paremos el carro.

— Una prenda ecológica rechaza el uso de químicos.

Procesos de degradación

¿Qué hacéis cuando os cansáis de una prenda? El deshacernos de algo no implica que desaparezca; la ropa tiene cualidades físicas y por eso ha de pasar por un proceso de descomposición. En este punto podemos hablar de prendas no degradables, degradables o biodegradables. Las no degradables son aquellas incapaces de descomponerse y por tanto se convierten en residuos eternos; las degradables lo hacen con cierta facilidad, aunque pueden repercutir negativamente sobre el medio; y las biodegradables se desvanecen de forma respetuosa.

A grandes rasgos, las fibras naturales son degradables y las sintéticas no degradables. Sí, el hecho de que una prenda sea de algodón no la convierte en biodegradable por motivos como las sustancias químicas que hemos comentado antes. Las fibras biodegradables son aquellas de procedencia natural y sin componentes químicos que dificulten su descomposición.

— Una prenda ecológica se idea de modo que al final de su vida útil no sea un residuo.

Distribución

¿Recordáis el primer post en el que hablamos sobre la deslocalización? Fabricar en el otro lado del mundo también supone un impacto mayor, principalmente por las emisiones que despiden los vehículos requeridos para el transporte.

— Una prenda ecológica aboga por la producción de cercanía u opta por métodos lo más respetuosos posibles.

Certificaciones… ¡y curiosidad!

Es posible que en este punto os estéis preguntando cómo podemos tener la seguridad de que una prenda cumple los requisitos para ser ecológica. La palabra del comercial de turno suele ser insuficiente, ya que no suele tener contacto con el área productiva o desconoce la terminología.

Por suerte, tenemos unos puentes que nos facilitan el camino. Son las certificaciones: las gestionan entidades independientes que auditan los procesos de las marcas que lo solicitan, y si cumplen los requisitos, ¡le dan un sello! Cada instituto tiene sus propios criterios, así que es recomendable echarles un vistazo a ellos y a sus procesos de auditoría. Algunas que disfrutan de bastante reconocimiento son GOTS o bluesign.

Pero si hay algo poderoso que nos va a proporcionar una verdadera seguridad es nuestra propia curiosidad. Gestos como investigar por internet, preguntar a las marcas por las redes o consultar asociaciones ciudadanas pueden ser la mejor herramienta.

A estas condiciones básicas se pueden unir otras complementarias que van más allá: no sólo se trata de no perjudicar al medio ambiente, sino de cuidarlo y devolverle lo que él nos aporta.

Ecoalf puede ser un ejemplo de esto. Se trata de una empresa española, referencia ya en todo el mundo, que utiliza los desechos marinos como materia prima para sus prendas. De este modo, la marca no sólo apoya sistemas de producción cercana o rechaza el uso de sustancias químicas, sino que contribuye con su modelo de negocio a liberar a los océanos de residuos.

Después de estos tres posts hablando sobre relocalización, ética y ecología quizá os preguntéis: ¿Y dónde queda la estética en este proceso? Porque es estupendo vestirse de forma respetuosa, pero a nadie le agrada ponerse un saco de patatas, ¿verdad? Por eso no os podéis perder el próximo post, en el que hablaremos sobre estética y moda sostenible 😉

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Ecolaf

Laura Rockbell es periodista especializada en moda sostenible. También puedes leerla en la Revista Retahila