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bodas gays y religión

Gracias por mis derechos ¿religión?

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Sí, a priori el título de esta entrada pudiera parecer salido de uno de esos grupos de juventudes católicas gays que siempre nos están intentando convencer de lo buena y cariñosa que es la iglesia con nosotros. Yo, homosexual de libro, con estudio superiores, viajado y ateo desde que soy capaz de pensar por mí mismo, he llegado a una conclusión bastante contradictoria en relación a lo hasta ahora pensaba sobre el colectivo LGTBI y las religiones: las sociedades de tradición católica tienden a ser más acogedoras con el colectivo LGTBI

En este artículo vamos a centrarnos principalmente en la problemática LGTBI del mundo occidental y en dos variantes principales de la religión cristina (la más influyente de nuestra cultura): el catolicismo y el protestantismo. Vayamos por partes, en principio, el discurso de la mayoría de las religiones con respecto a nuestros derechos y/o estilo de vida es tajante. No les gustamos y nos quieren siempre y cuando seamos capaces de “ocultar” lo que somos para parecernos al prototipo de persona aceptable y “normal” para cada religión. Hasta ahora, mi respuesta ante esto ha sido igual de tajante y siempre me he posicionado en contra de cualquier intromisión de la religión en temas sociales y morales.

Hasta ahora, nunca he sido amigo de la religión, pero sí que he estado abierto a las diferentes formas de pensar, vivir y relacionarse con o sin la religión. Podríamos dividir el mundo occidental en países de tradición cultural con mayoría protestante (Alemania, Finlandia, Australia, Suiza, Reino Unido…) y países de tradición mayoritariamente católica (España, Irlanda, México, Argentina, Portugal…). Ambos grupos tienen grandes diferencias y semejanzas entre sí, tanto económicas, como políticas, culturales, de comportamiento, etc. En relación a las socio-culturales, los países católicos tienden a valorar más los lazos familiares, el matrimonio y las relaciones en general en comparación a los protestantes.

Me resulta bastante extraño que países como Alemania o Australia, que disfrutan de niveles altísimos de desarrollo humano, no hayan implementado todavía el matrimonio igualitario. Por el contrario, países como España o Argentina, disfrutan de igualdad total entre personas homosexuales y heterosexuales. Irlanda, por ejemplo, ha sido el único país hasta ahora en llevar a referéndum la aprobación del matrimonio igualitario. El hecho de que en los países protestantes que acabo de citar no exista el matrimonio igualitario, no quiere decir en absoluto que sean países anti-gay, todo lo contrario, suelen ser bastante favorables y abiertos al colectivo. Aun así, y por mucho que se ha intentado desde ciertos colectivos LGTBI, no parece que en el corto plazo dichos países vayan a establecer leyes en favor de las familias LGTBI. Esto me lleva a pensar que podría existir una correlación entre la religión católica, más favorable a la familia y la pertenencia al grupo, y el matrimonio igualitario. Para un español o un mexicano, podría ser más trágico el hecho de no poder formar una familia de lo que lo podría ser para un alemán o un australiano. A fin de cuentas, en todos estos países las personas homosexuales están más o menos incluidas en la sociedad y se sienten relativamente cómodas en ella. La diferencia radicaría en ¿qué es estar incluido en Alemania o en España?, ¿dónde es más significativo formar una familia o casarse?

Mi conclusión es que los países de tradición católica, exceptuando los más extremistas, tienden a ser más proclives al matrimonio para todos que aquellos donde la familia no tiene tanta importancia en el día a día de los ciudadanos. Entonces, después de haber despotricado tanto en contra de la Iglesia Católica, ¿hemos de darle las gracias? Que cada cual establezca sus propias conclusiones.

Hoy escribe en Iris People Julio C. Cardo, psicólogo residente en Reino Unido y activista por los derechos LGTBI