Eros

labios pintados como el arcoiris

La ciencia detrás del beso perfecto

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Un beso es un gesto con el que demostramos cariño a muchísimos niveles. Están los besos de amistad, los de cariño a nuestros familiares, los enamorados, los apasionados… Si estamos hablando de cosas de pareja lo mejor es una mezcla de los dos últimos; que, a su vez, también encierran un enorme abanico de posibilidades. Están los que abusan de la lengua, los que disfrutan mordiendo, los amantes del beso largo, de los besos cortos y abundantes… todo depende del momento y del gusto del consumidor (y del consumido).  Lo que está claro es que, sean del tipo que sean, esconden mucha ciencia detrás. Y de eso os voy a hablar en mi artículo de hoy para IrisPeople.

Datos interesantes

Mientras besamos, movemos más de 36 músculos, un ejercicio que nos lleva a quemar de media unas 12 calorías y a que las pulsaciones de nuestro corazón suban de 60 a 100 por minuto en cuestión de segundos.

La fisiología del beso

Cuando besamos a alguien, el sistema límbico, del que ya os he hablado otras veces y que está directamente relacionado con las emociones, transmite la información a otras áreas del cerebro encargadas de controlar actos como el ritmo cardiaco, la respiración, la producción de hormonas, la salivación, la tensión arterial y el tono muscular.  Nuestras pulsaciones aumentan, la respiración se entrecorta, comenzamos a salivar y un cóctel de hormonas comienza a bullir en nuestro interior. Unas de éstas, de las que también os he hablado en otras ocasiones, son las endorfinas, que aportan sensación de bienestar. Les siguen la oxitocina y la testosterona, grandes responsables de la excitación sexual y, por último, la adrenalina y la noradrenalina, que terminan de volver locos los latidos de nuestro corazón.  Además, también se cree que se promueve la producción de sustancias asociadas a la relajación, como el GABA. Y es que, después de tanto revuelo hay que reconocer que nos quedamos súper tranquilitos.

Un dato curioso sobre la secreción de hormonas durante el beso, es que el hombre posee pequeñas cantidades de testosterona en su saliva, que transmitida a su pareja durante un tiempo suficiente, hará que aumente su libido. Eso sí que es un buen método de administración de sustancias y no las jeringas y las pastillas.

El beso perfecto

Aunque yo, personalmente, opino que el beso perfecto no existe o que, en su caso, depende de los gustos de cada persona; algunos investigadores han escrito sobre cómo conseguirlo ofreciendo unos cuantos consejos:

Conocer los gustos de la pareja: Vale, en eso sí que estamos de acuerdo.

Una buena higiene: Una obviedad, por supuesto. Podemos tener delante a Brad Pitt dispuesto a darnos el beso de nuestras vidas, pero si no se ha dado una buena ducha en la última semana lo mejor será salir corriendo.

Preparar el escenario: Lógicamente el contexto es importante. No es lo mismo intentar besar a alguien por primer vez después de una cena con velas que hacerlo mientras te ayuda a tender la ropa, por ejemplo.

Innovar con los besos, evitando la monotonía: En temas amorosos la monotonía suele significar la puerta de salida de la relación, como ya sabéis.

No introducir la lengua hasta la garganta e intentar escuchar la manera en que la pareja está besando: Esto lo afirma un señor en su libro “El arte del beso”. Podemos intentar ponerlo en práctica; aunque, como os decía antes, lo de la lengua depende mucho de los gustos.

El 53% de las mujeres prefieren besar a un hombre bien afeitado: Eso solo sirve si eres hetero porque por el momento no hay estudios sobre este aspecto en el colectivo. Vale que te ahorras bastantes irritaciones en la piel, pero yo aún así pienso que esas mujeres no saben nada de la vida. De nuevo, cosa de gustos.

Como veis, las preferencias dependen mucho de la persona, pero la ciencia es la misma para todos. La próxima vez que beséis a alguien, pensad que un complejo mecanismo está despertando en vuestro interior mientras lo hacéis. Sé que no lo vais a pensar, pero era una frase estupenda para terminar. ¡Felices besos!

Si queréis saber más, sobre este tema podéis leer los siguientes libros, en los que me he basado para escribir este artículo:

El planeta de los besos, de Jesús de la Gándara

El arte del beso, de William Cane

La ciencia del beso, de Sheril Kirshenbaum

Azucena Martín es biotecnóloga y redactora científica en Medciencia