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Los genes de la homosexualidad

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En ocasiones, puede pasar que la ciencia dé por extinguida una especie y, de repente, ¡bum! vuelva a aparecer, como salida de la nada.

Esto pasa con las personas que afirman que la homosexualidad es una enfermedad: creíamos que los avances de la ciencia y la cultura habían conseguido acabar con ellas, pero de vez en cuando aparece algún espécimen suelto confirmando que, por desgracia, no es así.

Por eso, en un arranque por acabar con los últimos vestigios de esa creencia, he escrito este artículo, en el que desmiento con argumentos científicos las bases sobre las que se sienta tal afirmación.

La homosexualidad está en los genes, o al menos eso es lo que parece

Un estudio llevado a cabo por científicos de varias universidades en 2014 demostró la posible vinculación entre algunos genes, presentes en el cromosoma 8 y el X, y la homosexualidad masculina.

Para comprobarlo, tomaron una muestra de 800 hermanos, a los que se tomó muestras de sangre y saliva para analizar su genoma, comprobando que, efectivamente, había una correlación muy significativa entre la presencia de dichos genes y la orientación sexual.

Si los animales también lo hacen, no será algo tan antinatural

Si buscamos la definición de enfermedad, veremos que se trata de una “alteración leve o grave del correcto funcionamiento del organismo o de alguna de sus partes debido a una causa interna o externa”.

Por lo tanto, para que fuese considerado un trastorno, debería suponerse una alteración del funcionamiento normal del organismo, ¿pero qué definimos como normal? La mejor manera de saberlo es fijarse en los animales, ya que ellos son los únicos que no se dejan llevar más que por los instintos propios de un “funcionamiento normal”, sin tener en cuenta las convenciones sociales.

¿Y creéis que ellos son heterosexuales todos? Pues nada más lejos de la realidad. Existe un gran número de especies animales que mantienen relaciones con individuos del mismo sexo. Por ejemplo, las hembras de macaco japonés buscan a los machos para reproducirse y a las hembras para divertirse, ya que saben mucho mejor lo que les gusta.

Por otro lado, el cisne negro también es curioso; ya que, si el personaje del famoso ballet del Lago de los Cisnes era mala mala, mala de verdad, el ave en el que se basa cuenta entre sus filas con un gran número de machos homosexuales que llegan incluso a robar huevos para tener hijos sin necesidad de mantener relaciones con hembras. Que sí, que eso está fatal, pero el problema no es de la homosexualidad, sino del secuestro de patitos.

¿Y qué me decís del rey de la selva? Se han avistado un gran número de machos de león que, mientras buscan a su reina, aprovechan para juguetear con otros reyes. Ya sabéis, las intrigas de la realeza…

Por lo tanto, ¿es una enfermedad, una perversión o una anormalidad algo que se encuentra en el código genético y que, además, forma parte de los comportamientos naturales de los animales? Yo creo que no. En cambio, el caso de la intolerancia ya es otro cantar…

Azucena Martín es biotecnóloga y redactora científica en Omicrono