Eros

adicción a la pornografía

¿Qué le ocurre a nuestro cerebro al ver pornografía?

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Seguro que todos habéis jugado alguna vez al “yo nunca”, el juego de las grandes revelaciones. Existen unas cuantas preguntas que se suelen realizar en la gran mayoría de partidas (casi todas de sexo, fijaos qué cosa tan rara). Una de éstas, es esa que dice: “Yo nunca he visto porno“. A mí, personalmente, me da la risa tonta cuando veo que hay gente que no bebe, súper diga y en plan “yo no veo eso, que es de enfermos”.

Sea por lo que sea, el caso es que casi todos hemos visto porno alguna vez, ya sea por curiosidad, por necesidades fisiológicas o por socializar. Esto último os puede parecer una locura, pero probad a ver “Gargantas Profundas” con los amigos, es como quedar para ver una comedia.

El problema viene cuando ver pornografía se convierte en una prioridad, por encima de otras actividades, pudiendo derivar en adicción. ¿Puede esto ser malo para el cerebro? ¿Cuándo se considera realmente una adicción? De todo esto os voy a hablar en mi artículo de hoy para IrisPeople.com.

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando vemos porno?

Como ya os he contado en otras ocasiones, cuando practicamos sexo, generamos un chute de dopamina, responsable del inmenso placer que viene después. Ocurre algo similar cuando vemos porno, es más, en ocasiones el visionado de pornografía ocasiona un incremento de esta sustancia mayor que el producido con el sexo en sí. Si esto ocurre muchas veces, puede llegar un momento en que el cerebro se “acostumbre” y necesite una dosis más alta, generándose lo que podría conocerse como adicción al porno.

Por otro lado, se ha comprobado que las personas que ven pornografía con mucha frecuencia tienen una región concreta del cerebro más pequeña. Se trata del cuerpo estriado, un área asociada a los sistemas de recompensa, responsables de la sensación de placer resultante de la exposición a sustancias o situaciones adictivas.

¿Significa todo esto que el porno es malo para el cerebro?

Que ciertas regiones del cerebro se hagan más pequeñas no significa que éste se deteriore; es más, podría ser más bien una especialización. Cuando realizamos una tarea con mucha frecuencia, cada vez necesitamos menos activación del cerebro, ya que se refuerzan las conexiones neuronales, haciendo el proceso más eficiente. Para que me entendáis, es algo así como cuando intentamos pintarnos la casa nosotros mismos para ahorrarnos el pintor. Posiblemente nosotros gastemos más pintura que un profesional, que usará la justa y necesaria para que el trabajo quede bien.

Además de todo esto, existen algunos estudios científicos que afirman que no existe la adicción a la pornografía, ya que si comparan las zonas cerebrales que se activan cuando un alcohólico se toma una copita con las de un “adicto” al porno cuando ve uno de estos vídeos, los resultados no tienen nada que ver.

Por lo tanto, no es seguro que exista la adicción al porno como tal. Lo que sí es cierto es que, como todo, abusar hasta el punto de que interfiera en el transcurso normal de nuestras vidas no es bueno. La importancia está en la dosis, pero ver pornografía de vez en cuando no es ni malo, ni algo de lo que avergonzarse. Eso sí, siempre y cuando el contenido sea legal e inofensivo. Vosotros sabéis a lo que me refiero.

Azucena Martín es redactora científica y biotecnóloga. Puedes leerla en Medciencia